PROPÓSITOS PARA UN NUEVO AÑO 1

EVALUANDO DE MANERA ADECUADA

I. INTRODUCCIÓN
Creo que todos sabemos qué hace la gente del mundo cada vez que termina un año; sabemos que es un momento familiar, emotivo, donde además de abrazarse, besarse y llorar, se hacen propósitos para el nuevo año.

Y esos propósitos tienen que ver con algún tipo de evaluación que hacemos respecto del año que termina. Podemos decir que en términos generales la mayoría hace propósitos que considera buenos para su vida.

Unos dicen; este año sí voy a hacer ejercicio. Otros; este año si voy a adelgazar, otros… voy a colocar un negocio, otros, quieren viajar, algunos se quieren casar, otros se quieren divorciar, etc.

Creo igualmente que los cristianos no tenemos muchas diferencias respecto de esto que hace la gente del mundo, sin embargo si hay algunas cosas en que debe haber bastante diferencia, y si no la hay, entonces tendremos que reconocer que nuestro cristianismo está en crisis.

La diferencia debe estar, en que nuestra evaluación y nuestros propósitos tienen que ver, o deben tener como parámetro la perfecta voluntad de Dios.

Y si en nuestra evaluación y propósitos no está metido Dios con su preciosa voluntad para nosotros, entonces insisto en que tenemos que reconocer que nuestro cristianismo está muy grave.

El salmo 90 habla de cómo Dios con su inmenso poder, hace una serie de cosas para quebrantar a los hombres y llevarlos al arrepentimiento, y por eso el salmista menciona la importancia de evaluar nuestra vida teniendo en cuenta a Dios, y lo hace mencionando por un lado lo frágil y lo corta que la vida, es decir lo insignificantes que somos delante de Dios, y por otro lado, el poder de la indignación de la ira de Dios. Y casi al final concluye:
Salmos 90:10–11 Los días de nuestra edad son setenta años; Y si en los más robustos son ochenta años, con todo, su fortaleza es molestia y trabajo, porque pronto pasan, y volamos. 11 ¿Quién conoce el poder de tu ira, y tu indignación según que debes ser temido?

Y cuando leo este par de versos donde menciona lo corta que es la vida, y la ira que puede proceder de la presencia de Dios, creo que el salmista está pensando, que siendo supremamente corta la vida, más aún comparada con la eternidad, hay muchos que no la están viviendo de acuerdo a los verdaderos deseos de Dios, y lo mas grave es que están ignorando el tremendo poder de la ira de Dios… Que puede para algunos terminar siendo la condenación eterna.

Esa forma en que viven lo que hace evidente es que no hay en ellos el temor de Dios, y eso hace que sigan viviendo en esa ignorancia que como ya mencioné los va a perjudicar aun eternamente. La escritura dice:
Proverbios 1:7 El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; Los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza.

Lo más sabio que podemos hacer, es que reconociendo la grandeza de Dios no nos atrevamos a vivir ignorándolo, contrario a esto, quienes tienen a Dios por poca cosa, normalmente ignoran también la realidad de la muerte y del juicio de Dios, cosas que aunque los hombres las ignoren por supuesto no los librarán del juicio de Dios, ante el cual ya no podrán hacer nada para remediar su situación … El purgatorio no existe.

Por esto, por la importancia de no caer bajo la ira de Dios, es que el salmista continúa diciendo:
Salmos 90:12 Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría.

Y no se refiere a que celebremos cumplidamente nuestros cumpleaños, sino a que evaluemos con sabiduría las cosas que venimos haciendo, sus consecuencias, sus beneficios o sus males, para que hagamos las correcciones que nos permitan vivir de una manera más sabia delante de Dios, a quien creámoslo o no, tendremos que dar cuenta.

Es cierto que la mejor motivación para buscar a Dios es entender su infinito amor con que nos ha amado, y aunque habiendo nacido de nuevo tenemos asegurada la salvación, (es decir; no seremos objeto de la ira de Dios) también es cierto que parte de ese amor hacia nosotros, incluye la corrección necesaria que sin ninguna duda recibimos, en el momento en que Dios lo considere más oportuno. Y es por eso que la escritura nos advierte:
1 Corintios 11:31–32 Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados; 32mas siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo.

Y este pasaje muestra con claridad qué si no examinamos lo que estamos haciendo con nuestra vida, si vivimos sin tener en cuenta lo que Dios piensa de lo que hacemos, y no sólo de nuestros objetivos macros, sino del día a día, entonces vamos a ser castigados (disciplinados) por Dios para que corrijamos nuestro caminar, y no participemos de la condenación que la gente del mundo vive, lo cual sabemos que nos hace, y nos hará perder muchas bendiciones.

Creo que no es equivocado decir que los cristianos debemos tener temor del amor de Dios.

Y con esto quiero decir que si usted es un auténtico hijo de Dios nacido de nuevo, y no examina lo que está haciendo, tenga la certeza que el amor de Dios llegará en forma de disciplina para corregirlo, y si no logra corregirlo, si Dios ve que no es posible hacer más cambios en su vida, lo más seguro es que entonces se lo llevara a su presencia.
Hebreos 12:6 Porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo.

Y lo hace con tal dedicación que en el verso anterior dice:
Hebreos 12:5 Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por él;

Cuando insistimos en nuestro pecado estamos menospreciando la disciplina del Señor, y entonces podrá venir con algo más fuerte. O también puede ocurrir que esa mala actitud de no querer dejar el pecado, nos haga sentirnos no amados por Dios, lo cual nos puede llevar a desmayar ante su corrección. Es decir; decidir no seguir viviendo como cristiano, qué es similar a decidir seguir viviendo concierto pecado.

La pregunta puede ser: ¿Hemos a lo largo de este año menospreciado las disciplinas de Dios? O ¿Hemos desmayado por pensar que nos está tratando supremamente fuerte, cuando en realidad el problema es que no hemos querido dejar el pecado?

II. PONIÉNDONOS EN PAZ CON DIOS
Si ha pasado eso en nuestra vida, lo primero que debemos hacer para terminar y comenzar un nuevo año, es ponernos en paz con Dios. (Aunque es algo que no debemos esperar para hacer cada final de año, sino cada vez que somos conscientes de qué no estamos haciendo lo correcto)

La gente del mundo puede decir yo no tengo nada contra Dios, él no me ha hecho ningún mal. A lo que yo respondería; él ha tratado de hacerles muchísimo bien y lo han despreciado, por lo tanto tienen una gran deuda con Dios.

Siendo esto cierto respecto de los incrédulos, con nosotros sus hijos es mucho más cierto, pues Dios ha tenido los mejores propósitos con todo lo que ha ordenado que suceda a nuestro alrededor, con todas aquellas cosas que consideramos buenas, como con todas aquellas que no nos parecen nada agradables o aun dolorosas, y entonces la pregunta podría ser;

¿Si hemos entendido, aceptado y cambiado en nuestro corazón todas aquellas cosas que Dios con sus tratos, ha querido cambiar en nosotros?

Hemos cambiado esos malos objetivos, hemos perdonado, hemos dejado que Dios sane nuestro corazón a través de ciertas circunstancias, estamos administrando adecuadamente el dinero, estamos controlando la lengua, estamos amando verdaderamente al prójimo y a los enemigos, estamos compartiendo nuestra fe con los que la necesitan, estamos trabajando en el ministerio que Dios nos quiere… Estamos organizando nuestra familia como una verdadera familia cristiana… etc.

Como se que todos hemos fallado de una u otra forma, hay varias cosas que debemos hacer:

A. RESPECTO DE NUESTRA VIDA
En primer lugar debemos pedir perdón a Dios por nuestros pecados de acción y los de omisión, es decir por todas aquellas cosas que hicimos y no debíamos hacer, y por las que debíamos hacer y no hicimos.

Y no creo que se trate de rebuscar en lo profundo del corazón, tengo la certeza de que el Espíritu Santo ya ha venido hablándote acerca de sus pecados, de la falta de confianza en Dios, de la preocupación por las finanzas y la falta de fidelidad con Dios, o del tu egoísmo, o de tu falta de compartir el evangelio con los que lo necesitan, o tu falta de sujeción a la autoridad, o la falta de ejercer autoridad de manera adecuada, etc.

Pero no es suficiente saber que hemos pecado, tenemos que confesarlos, pues ese es el primer paso para poder dejar esos pecados. La escritura dice:
1 Juan 1:9–10 Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. 10Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros.

¿Quiere comenzar bien el año? Pida perdón a Dios y a las personas a quienes ha ofendido.

B. RESPECTO DE LA FORMA COMO ACEPTAMOS SU SOBERANÍA
En segundo lugar para ponernos en paz con Dios, debemos darle gracias por todas las cosas que sucedieron a nuestro alrededor. Quiero recordarles que la escritura dice:
Jeremías 17:10 Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras.

El asunto es que Dios es absolutamente soberano, nadie puede detener su mano, las cosas que él se propone hacer nadie puede evitarlas, pero aunque Dios es soberano no es arbitrario.

El texto dice que Dios lee lo que hay en nuestro corazón y ordena las cosas que nosotros necesitamos, es por esto que absolutamente todo lo que sucede a nuestro alrededor, como depende de lo que hay en nuestro corazón, entonces es algo que hemos obligado a Dios a hacer porque es lo que necesitamos para ser bendecidos.

Más claro aún quiere decir que no podemos culpar a nadie por lo que nos ha sucedido, porque fue la respuesta perfecta de Dios a lo que vio que había en nuestro corazón, pero si en nuestra obstinación queremos culpar a alguien para sentirnos mejor, entonces mirémonos al espejo y echémonos la culpa.

Y si no vimos como bendición todo aquello que nos sucedió, entonces no hemos entendido con claridad el plan de Dios para nuestra vida, estamos perdiendo el tiempo, y lo que terminamos experimentando es una vida como la de los incrédulos, donde de manera continua las circunstancias a veces nos ayudan y a veces sabotean nuestros planes y deseos.

Pero vivir la vida de esa manera es prácticamente sacar a Dios de nuestra vida, como si no fuera soberano, y por supuesto también nos hace perder la bendición de la promesa que dice:
Romanos 8:28 Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.

Por lo tanto si a lo largo de este año han sucedido cosas a nuestro alrededor, las personas han hecho cosas contra nosotros que no hemos podido ver cómo la bendición de Dios, entonces debemos pedir perdón a Dios, y debemos confiando en el, agradecerle por absolutamente todo lo sucedido.

Porque todo fue diseñado para ayudarnos a vivir de acuerdo a el maravilloso plan que Dios tiene para nuestra vida, pero nuestra falta de confianza en Dios, y de sabiduría, no nos ha permitido asimilar la situación de tal manera que haya bendecido nuestra vida.

¿Queremos comenzar bien el año? Agradezcámosle a Dios de todo corazón por todo lo sucedido.

C. PONIÉNDOTE EN PAZ CON LOS HOMBRES
Si lo hacemos de manera correcta y con verdadera sabiduría, al ponernos en paz con Dios respecto de su soberanía, también nos pondrá en paz con los seres humanos a nuestro alrededor.

Me explico: Al aceptar la soberanía de Dios, voy a ver que quienes me trataron bien o me trataron mal, son simplemente instrumentos que Dios usó para bendecir mi vida… Y ver las cosas de esta manera es supremamente importante para poder andar en el Espíritu, y gozarnos de la vida, independiente de lo que las personas a nuestro alrededor hagan.

Pero si en lugar de andar espiritual dependiendo de Dios, decidimos depender de lo que los hombres hagan, entonces simplemente seremos esclavos de ellos, y no estaremos en paz, porque al ignorar los propósitos y los métodos de Dios estaremos viendo en las personas a unos como cómplices, y a otros como enemigos, que no nos dejan vivir como deseamos.

No es lo mismo ver que alguien se porta mal y automáticamente pensar en que eso es lo que necesitas para que tu vida sea bendecida, a ver que alguien se porta mal, olvidar el plan de Dios y ver a esta persona como un enemigo.

Esa mala actitud de incredulidad hará que te recientas con las personas que según tú, no te están dejando andar espiritual, lo cual no es cierto.

Y al hacer esto obviamente no sólo estarás mal con ellas, sino más importante aún estarás mostrando que estas mal con Dios. (En realidad estarás diciendo con tu actitud que Dios está completamente equivocado al ordenar o permitir lo que sucede a tu alrededor.)

Pero cuando estás bien con Dios y en paz con los hombres, podrás ver con claridad, que “tus enemigos” son en realidad unos pobres hombres que están siendo usados por Dios para bendecir tu preciosa vida, por lo tanto, no albergarás ningún sentimiento negativo contra ellos, más bien como dice la escritura, los amarás y los perdonarás como a esas pobres personas que son víctimas de su propia maldad.

Y no nos engañemos, porque la realidad es cuando estamos en paz con Dios, obligatoriamente también estaremos en paz con los hombres. Porque si no estamos en paz con los hombres tampoco estaremos en paz con Dios, pues el Señor Jesús dijo:
Mateo 6:15 mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.

Y no es un desquite de parte de Dios el no perdonarnos, lo que pasa es que cuando no perdonamos a los demás estamos evidenciando que no hemos sido capaces de recibir el perdón de Dios.

Y no porque Dios no nos lo quiera perdonar, si no porque no hemos reconocido que somos pecadores, tan o más pecadores que aquellos a los que no queremos perdonar.

Y ojo, una señal de qué realmente los hemos perdonado es que restauramos la relaciones con ellos, y dejamos de sentir malas cosas hacia ellos.

Insisto: Nuestra incapacidad para perdonar es evidencia de que no hemos aceptado el perdón de Dios.

¿Queremos comenzar bien el año? Tenemos que perdonar absolutamente a todos nuestros enemigos, y también a los amigos que nos fallaron.

Para lo cual insisto que será muchísimo más fácil si entendemos que son simplemente instrumentos usados por Dios para bendecir nuestra preciosa vida. Y que son tan pecadores como los somos nosotros. Y si no eres consciente de tus pecados recuerda que el pecado más grande de todos es la incredulidad.

III. ¿CUÁLES SON NUESTROS ENEMIGOS?
Este ponernos en paz con Dios; con todo lo que esto significa, debe ir acompañado para que sea realmente efectivo de un entendimiento que nos de claridad de nuestro fracaso. Es decir: ¿A la pregunta; ¿por qué fracasamos, por qué caímos en pecado a causa del pecado de los demás? Fracasamos…

Porque cuando no estamos en paz con Dios lo que en realidad estamos haciendo es culpándolo a Él del fracaso de nuestra vida.

Por qué cuando no aceptamos su soberanía estamos culpando a las circunstancias del fracaso de nuestra vida… Qué es igual a culpar a Dios.

Porque cuando no perdonamos a los demás los estamos culpando a ellos del fracaso de nuestra vida…. Donde nuevamente estamos culpando a Dios por no impedir aquellas cosas que creemos que nos hicieron fracasar.

Pero como todo eso es falso, lo que debemos preguntarnos es: ¿Qué es lo que nos está haciendo fracasar? ¿Cuál es nuestro talón de Aquiles? (El dinero, la salud, el orgullo, la prepotencia, el querernos buenos, las relaciones personales, los sueños mundanos, las amarguras, los resentimientos, la pereza, el pesimismo, los miedos, la incredulidad…)

¿Cuáles son las cosas que con más facilidad nos impiden hacer la voluntad de Dios? ¿Cuáles son nuestros ídolos que nos sacan del camino?

Si no examinamos nuestra vida para descubrir que es lo que nos lleva a pecar, lo más seguro es que próximo año la pasaremos igual. Y eso no es sabio.

Ahora, según lo que he mencionado, la respuesta a estas preguntas siempre está adentro. No es Dios, no son las circunstancias, no son las personas, soy yo la razón de mi fracaso.

Métase esto en la cabeza por amor de Dios. “Yo y sólo yo, soy la razón del fracaso de mi vida espiritual”

Y sólo cuando estemos convencidos que la culpa es sólo nuestra, podemos comenzar a mejorar.

Tenemos que reconocer que todas las cosas que no hemos querido cambiar, o que decimos que no hemos podido cambiar, el único responsable de esto somos nosotros mismos. Si reconocemos esta realidad estamos dando el primer paso para poder cambiar, si no lo reconocemos no cambiaremos.

Pero les aclaro, que no estoy hablando de las cosas materiales, de su salud, ni de sus relaciones personales, que son cosas que obviamente son afectadas por nuestra vida espiritual.

Estoy hablando de nuestro corazón, de aquellas malas actitudes que no hemos querido dejar y que nos disculpamos diciendo que no hemos podido, pero que ciertamente con el poder de Dios podemos cambiar.

Lo que estoy diciendo lo he dicho muchas veces, pues la escritura lo dice:
Lucas 12:15 Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.

La petición de este hombre era para tener más dinero, pero su verdadera necesidad estaba en ser librado de la avaricia que lo controlaba.

Y todo esto lo que quiere decir, es que no importa la situación que puedas estar viviendo, si andas bien con Dios disfrutaras del fruto del Espíritu Santo, y toda circunstancia será de crecimiento para tu vida.

Y cuando habló del fracaso de la vida espiritual me refiero precisamente a esto, no ando espiritual y no estoy creciendo espiritualmente, por lo tanto sigo cometiendo los mismos pecados, o peor aún empeorando.

SATANÁS ES TU ENEMIGO
Cuando tenga claridad en esto, cuando sea capaz de reconocer que usted es el único culpable, entonces si puede pasar a revisar en la escritura cuáles son sus enemigos.

La escritura nos habla, de tres enemigos. Creo que todos los hemos oído mencionar de una u otra manera, y estos son; el mundo, el demonio, y la carne. En la escritura podemos leer:
2 Corintios 2:10–11 Y al que vosotros perdonáis, yo también; porque también yo lo que he perdonado, si algo he perdonado, por vosotros lo he hecho en presencia de Cristo, 11para que Satanás no gane ventaja alguna sobre nosotros; pues no ignoramos sus maquinaciones.

El apóstol está diciendo que perdona porque si no perdona Satanás estaría tomando ventaja sobre su vida, lo cual deja muy claro que nuestro enemigo no es Dios, tampoco son las circunstancias, ni siquiera las personas, nuestro verdadero enemigo es Satanás.

Sin embargo también es necesario aclarar, que el pobre Satanás sólo puede hacer lo que Dios le permita….

Y con esto quiero decir que la batalla no está en el terreno de las cosas materiales, cuando una persona dice, el diablo me enfermó, es prácticamente igual a decir Dios me enfermo. El diablo me arruino, es igual a decir Dios me arruinó. Etc. Y si alguien no reconoce qué lo que estoy diciendo es cierto, es porque no está reconociendo la soberanía de Dios y está mal con Dios.

Con esto quiero ubicarlos en que la batalla con Satanás si es real, pero es a nivel de su mente.

Dios dice te amo. Satanás te hace ver las circunstancias de tal manera que tú piensas que Dios no te ama.

Dios dice que te está bendiciendo. Satanás te hace evaluar la situación con una escala de valores torcida, y tú piensas que no estás siendo bendecido por Dios.

Dios usa a un fulano para probar tu fe y bendecirte. Satanás te hace ver a esta persona como un enemigo.

Contra todos estos ataques la escritura dice:
Efesios 6:11–12 Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. 12Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.

Sin embargo Satanás ha sido derrotado en la cruz, y Cristo que lo derrotó esta en nosotros por lo tanto la victoria es nuestra. Y si nos preguntamos: ¿Por qué no estamos experimentando continua victoria sobre Satanás? La respuesta es…

La culpa es nuestra. Casi que podemos decir que el primer enemigo que nosotros tenemos somos nosotros mismos, cuando no le creemos a Dios, cuando no queremos sujetarnos, ni obedecer a la autoridad de Dios.

Si algo nos destruye es nuestra rebeldía, si algo bendice nuestra vida, es nuestra sujeción y obediencia a la voluntad de Dios.

Y allí nuestro enemigo Satanás se convierte también en un instrumento en las manos de Dios, quien lo utiliza para enseñarnos a confiar más en él.

Por supuesto Satanás utiliza dos elementos que se “atraen” y que son; nuestra naturaleza pecaminosa, es decir nosotros mismos con nuestra concupiscencia por un lado, y por otro lado el mundo diseñado para atraer y enredar esa naturaleza pecaminosa.

Cuando nos ponemos en paz con Dios estamos poniendo a raya nuestra concupiscencia.

Cuando reconocemos a Satanás como el enemigo, no respecto de las cosas materiales sino en nuestra mente, y aceptamos la victoria que tenemos sobre él, lo estamos poniendo a raya a él.

Y cuando tenemos objetivos correctos, estamos poniendo a raya al mundo.

Esto último que digo es de mucho cuidado, porque muchos buscan los recursos de Dios pero para vivir un plan completamente mundano.

Y creen que porque están usando la fe, porque están acomodando las promesas del viejo pacto, entonces el asunto está bien. Pero al revisar los objetivos que tienen, están completamente desenfocados en su vida cristiana, es más; hay una gran mayoría que ni siquiera son cristianos aunque creen serlo.

IV. PLANEANDO NUESTRO AÑO
Después de ponernos en paz con Dios, con todo lo que esto significa, entonces sí podemos continuar planeando nuestra vida, donde lo más importante es planear nuestra vida espiritual

Y no hay ninguna duda que el mejor plan que podemos hacer para nuestra vida espiritual es tomar la firme determinación de hacer siempre y en todo la voluntad de Dios.

A. LOS RECURSOS
Sin embargo como buenos administradores que debemos ser, todo aquel que vive en la voluntad de Dios también debe ser un buen administrador de los recursos que Dios le ha dado. Esto incluye su dinero, sus recursos materiales, su cuerpo, dones, talentos, habilidades naturales y sus dones espirituales.

B. LAS RELACIONES
Pero también dentro de los recursos que deben ser administrados están nuestras relaciones con otras personas. De tal manera que en nuestros planes tiene que estar incluido administrar y cumplir con las funciones que requieren esas relaciones.

Ser el padre que mis hijos necesitan. Ser el esposo que mi mujer necesita, el hijo que mi padre necesita, el empleado o empleador, el líder de grupo de oración que esa gente necesita, el líder de ministerio que los discípulos necesitan, etc.

C. EL TIEMPO Y LAS OPORTUNIDADES
Y el otro asunto que no puede faltar es la buena administración del tiempo. “El tipo es bueno, buena gente y muy espiritual pero lento… No hace las cosas con rapidez y eficacia, deja pasar oportunidades, desaprovecha contactos, etc.”

¿Qué es una buena administración de todo esto?

Algunos desenfocados completamente de la vida cristiana creen que una buena administración de todo esto se llama éxito según los parámetros del mundo, pero eso es completamente equivocado.

La respuesta correcta es muy simple y al mismo tiempo muy compleja. Lo simple de la respuesta es que una buena administración es hacer la voluntad de Dios en cada aspecto de nuestra vida.

Lo complejo de la respuesta es que necesitamos saber con precisión cuál es la voluntad de Dios para poder realizarla, y eso no será posible si no hay suficiente disposición para hacerla. (Pero no te compliques, si realmente lo deseas, Dios te guiara)

V. PLANEANDO NUESTRA VIDA ESPIRITUAL
Una buena planeación de nuestra vida espiritual como consecuencia nos llevará a planear bien nuestra vida respecto de nuestras finanzas, nuestros recursos, nuestras relaciones y nuestro tiempo.

¿Por qué? Porque el Señor Jesús dijo:
Mateo 6:31–34 No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? 32Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. 33Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. 34Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.

Por lo tanto no hay duda que lo primero que debemos planear es nuestra vida espiritual y como consecuencia de una buena planeación y ejecución, Dios promete que podemos contar con las cosas que realmente necesitamos.

El engaño del mundo es: Olvídese de Dios porque hay que conquistar el mundo. Hay cristianos que todavía sufren de este mismo engaño, no tienen tiempo, no le dan suficiente importancia a su vida espiritual, porque tienen que luchar para conseguir su sustento.

Por supuesto que el sustento lo necesitamos, pero la forma más fácil de obtenerlo es dando prioridad a nuestra vida espiritual.

Para esto lo primero que debemos hacer es revisar los medios básicos que Dios nos da para producir ese crecimiento espiritual, y debemos revisar que tanto los estamos aprovechando.

¿Cuáles son?

  1. Las escrituras. Oír, leer, estudiar, memorizar, meditar, aplicar. Junto a estas la oración, que sin las escrituras se convierte en un monólogo.
  2. La iglesia. La reunión de generales, los cursos bíblicos, el pastoreo personal, los grupos de oración, el tiempo de oración, el compañerismo con cristianos.
  3. El Espíritu Santo. Lo menciono de tercero pero obviamente es el más importante de todos pues sólo él puede hacer las escrituras y la iglesia sean de bendición en nuestra vida.

La evaluación con el Espíritu Santo es; ¿Anda usted espiritual? ¿Está manifestando el fruto del Espíritu Santo?

Además de esto hay otros cinco aspectos que usted debe tener en cuenta para planear su vida espiritual estos cinco puntos son supremamente importantes porque los premios las coronas los galardones de Dios serán dados de acuerdo al cumplimiento de estos cinco objetivos.

Por ahora oremos, pongámonos en paz con Dios, con su soberanía, con las personas que nos rodean, y sobre todo oremos para que no perdamos de vista que habiendo hecho Dios todo lo que ha hecho, nuestra vida espiritual depende sólo de cada uno de nosotros. De tal manera que dejemos de culpar a Dios, a las circunstancia y a los hombres y nos enfoquemos en reconocer nuestro pecado y podamos así vivir un año agradable delante de Dios.

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