QUITANDO LOS ESTORBOS
I. INTRODUCCIÓN
En la escritura podemos leer lo que Dios ha hecho por nosotros… Dice así:
1 Pedro 1:3–6 Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, 4para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, 5que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero. 6En lo cual vosotros os alegráis….
Por la pura misericordia de Dios, estando nosotros destinados a la condenación eterna, él nos hizo renacer, es decir nos dio una nueva vida, la cual esta basada en la esperanza de la resurrección, para recibir una herencia descrita como incorruptible, es decir que nada la puede corromper, incontaminada o completamente pura, e inmarcesible que habla de algo inmensamente grande.
Y dice que eso está reservado para nosotros porque gracias al poder de Dios somos guardados por medio de la fe, y esto nos asegura que vamos a recibir esa salvación que será manifestada más adelante… Y por esto tan grande que Dios ha hecho por nosotros, por esta esperanza tan espectacular, es que dice que nosotros nos alegramos…
Creo que no hay duda que a la mayoría si nos hicieran ciertos ofrecimientos espectaculares aquí en la tierra; cómo tener dinero sin límites, o ser propietarios de todo lo que quisiéramos, islas, montañas, mansiones, de tal manera que se nos asegurase tener de por vida absolutamente todas nuestras necesidades satisfechas, además de todas las diversiones que podamos imaginar, todos los juguetes que el mundo ofrece, y además de eso una salud perfecta es decir inmune absolutamente a cualquier enfermedad… Esos ofrecimientos, creo que no hay duda, ciertamente produciría alegría en nosotros, y desearíamos que lo más pronto posible se hiciera realidad.
Pero bueno sin ir tan lejos, con que nos duplicaran el sueldo creo que estaríamos muy contentos…
La pregunta es; si lo que Dios nos ofrece es infinitamente más grande de lo que podamos imaginar, y además es por la eternidad… ¿Estamos contentos de saber que vamos a recibir todo esto, y por esto anhelamos que sea lo más pronto posible?
Y es importante que nos preguntemos acerca de esto, porque cuando el texto dice; “en lo cual vosotros os alegráis” está dando por hecho que los cristianos estamos felices por este ofrecimiento, y si a esto añadimos que en la escritura se nos ordena estar siempre gozosos, aún en las pruebas más tenaces, entonces es muy importante evaluar si nos estamos gozando no sólo por lo que vamos a recibir, sino por el proceso en que estamos como cristianos.
¿Cómo se sentiría usted si con un gran esfuerzo usted logra darle a alguien un regalo espectacular, y esta persona lo menosprecia, lo recibe como un estorbo y además de esto ni las gracias da?
¿Acaso no se sentiría ofendido?… Y si Dios nuestro Padre tuvo que entregar a su Hijo a un castigo pavoroso e inimaginable para darnos el regalo de la salvación, regalo que menospreciamos, razón por la cual no nos sentimos alegres ni agradecidos… La pregunta es: ¿Qué mensaje le estamos enviando a nuestro buen Dios?
Al considerar esto no hay duda que no alegrarnos por la salvación recibida es pecado, un pecado de incredulidad muy grande, porque no creer en lo ofrecido por Dios es igual a decir que Dios es un mentiroso, o que sus ofrecimientos son basura, razón por la cual preferimos ocuparnos en las cosas del mundo y no en crecer en salvación.
La semana pasada vimos como el mejor plan que podemos hacer para nuestra vida es crecer en salvación, pero lo cierto es que quien no aprecia esta salvación tan grande en su justa medida, entonces tampoco va a obedecer al Señor cuando nos dice que debemos crecer en salvación.
Si recordamos lo que leímos la semana pasada dice:
Filipenses 2:12–13 Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, 13porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.
Es un mensaje para aquellos que obedecen lo ordenado por Dios a través de sus pastores, no para aquellos que obedecen al ojo es decir sólo cuando los ven, y lo que nos pide no quiere decir que debemos hacer méritos para ser perdonados o aceptados por Dios, porque la salvación es por gracia por medio de la fe y no por obras, pero si nos ordena crecer en salvación que entender, creer y aprovechar todos los beneficios de estas salvación que van a producir un cambio en nosotros para hacernos cada vez más semejantes a él.
Y para que podamos vivir de acuerdo a esta instrucción, dice que Dios mismo produce nosotros las ganas y el poder para obedecerle…. Y entonces la pregunta es: ¿Hay ese deseo en nuestro corazón producido por el Espíritu Santo?
Cuándo una persona ha obtenido la salvación y con esto me refiero a que ha nacido de nuevo, el Espíritu de Dios comienza a producir hambre por la palabra de Dios, un deseo de reunirnos con otros cristianos, un deseo de obedecer a Dios…
Cuándo una persona sólo cree en Jesús pero no ha nacido de nuevo lo siente el deseo de obedecer a Dios, al menos no con las mismas ganas que produce el Espíritu Santo en aquel que sea salvado.
Por esto la pregunta es: ¿quien no tiene este deseo de crecer en salvación … podrá culpar a Dios por no colocar las ganas y el poder para obedecer?
Respuesta es no, no podemos culpar a Dios por la falta de ganas porque sería igual a decirle que nos ha mentido, y eso es algo que Dios jamás hace.
Por lo tanto la respuesta correcta es que somos tan incrédulos, es tán minúscula nuestra fe en lo ofrecido por Dios, y es tan grande nuestra fe en lo ofrecido por el mundo, que todavía siendo esclavos del mundo tenemos enormes deseos de muchas de las cosas que el mundo ofrece, y eso ahoga este deseo colocado por Dios lo cual nos lleva a no ocuparnos en nuestra salvación.
Y la forma de contrarrestar todos estos deseos mundanos, es algo que debemos hacer desde que iniciamos nuestra relación con Dios, que dice lo siguiente:
1 Pedro 2:1–3 Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones, 2desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación, 3si es que habéis gustado la benignidad del Señor.
Al leer este texto podemos notar que es lo que obstruye ese deseo de crecer en salvación, de alimentarnos con esa leche espiritual… Y por eso habla de la necesidad de desechar el engaño, la malicia, la hipocresía, es decir todas aquellas cosas que el mundo nos presenta como si fueran una maravilla, incluidas las herramientas que el mundo nos enseña para lograr esos objetivos como son la malicia, la hipocresía, la deshonestidad, la mentira, etc. … Porque sólo desechando estas cosas podemos apreciar que no hay nada tan valioso como crecer el salvación.
Esto me recuerda la parábola de la semilla, donde cayendo en diferentes clases de tierra esta no prospera, porque los hombres siguen interesados en cosas que no son valiosas menospreciando así la salvación.
Contrario a esto, es tan importante crecer en salvación, que la escritura también nos hace responsables de la salvación de otras personas, y por eso dice de nosotros:
1 Corintios 3:9 Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios.
Ser colaborador de Dios en la labranza de Dios es trabajar en la obra que Dios quiere hacer en cada uno de nosotros y de nuestros semejantes … Donde sabemos que el objetivo básico o principal, es ser trasformados a la imagen de nuestro Señor Jesucristo. Si volvemos al pasaje de filipenses, la última frase dice:
Filipenses 2:12 Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor,
La expresión “con temor y temblor” no es común cuando se nos ordena hacer algo en la escritura.
Es decir no leemos que debemos ser generosos con temor y temblor, o que debemos perdonar con temor y temblor, o que debemos compartir el evangelio con temor y temblor… Pero cuando habla de crecer en salvación, de ocuparnos en nuestra salvación, si menciona que debe ser algo hecho con temor y temblor porque es un asunto de suprema importancia para nuestra vida.
Eso quiere decir que cuando le pregunten a cualquier cristiano acerca de los planes para el nuevo año, lo primero que debe mencionar es: Que se va a seguir ocupado de su salvación o crecimiento espiritual como lo más importante para su vida.
Debemos poner mucho cuidado en este asunto, porque ciertamente uno de los grandes errores de los cristianos, es preocuparse por los problemas de la vida, problemas que normalmente son producidos por diferentes circunstancias incluida la gente que peca a nuestro alrededor, o aún por nuestros propios pecados.
Y entonces nos enfocamos en cambiar estas circunstancias, en eliminar esos pecados a nuestro alrededor para poder vivir mejor…. Pero muchos al hacer esto caen en la preocupación o los afanes de la vida, de tal manera que ignoran por completo la soberanía de Dios, pues la escritura nos enseña que todo eso que está sucediendo a nuestro alrededor, está ordenado por Dios, precisamente para llevarnos a crecer en salvación.
No estoy diciendo que buscar mejorar una forma de vida sea pecado, o que buscar arreglar esas circunstancias difíciles esté mal, pero lo que sí está muy mal es el afán y la ansiedad por estas cosas, pues muestra que lo importante para nosotros no es la salvación, no es una vida espiritual poderosa que nos permita vivir con gozo frente a cualquier circunstancia, sino un amor al mundo que nos lleva precisamente a preocuparnos o entristecernos cuando no logramos ciertos objetivos.
Y cuando esa es la forma en que estamos viviendo, podemos pasarnos la vida solucionando todos esos problemas, cambiando todas esas circunstancias, pero sin crecer en salvación. Si continuamos leyendo el texto con el que comencé el estudio de hoy, dice:
1 Pedro 1:6–7 En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, 7para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo,
Dice que habiendo obtenido la salvación el proceso que sigue es que Dios nos va a meter en problemas, nos va a enfrentar a circunstancias difíciles, que por supuesto debemos buscar resolver, sin embargo la pregunta es; ¿cuando las resolvimos, cuando la crisis económica pasó, cuando la enfermedad pasó, cuando los problemas sentimentales pasaron, el resultado fue que crecimos en salvación… O lo que aprendimos fue a buscar más herramientas en el mundo para cuidarnos, de qué no nos vuelvan a suceder estas cosas, como si con las herramientas del mundo pudiéramos detener los tratos de Dios.
¿Acaso pudo Job detener todas las calamidades que Dios ordenó para bendecirle, o acaso Jonás pudo librarse por sus medios del trato en que Dios lo metió por rebelde, o el pueblo de Israel ha logrado evadir aquellas terribles circunstancias en que Dios lo ha metido por su incredulidad?
II. VIVIENDO COMO INCRÉDULOS
Pero cuándo a pesar de los tratos no crecemos en salvación, entonces lo que sucederá es que viviremos igual que los incrédulos, que por un tiempo se gozan de disfrutar las cosas del mundo, y luego por otro tiempo sufren por no disfrutar de estas cosas… Sólo que siendo cristianos nos la pasamos orando por estas cosas, como pidiendo al Dios bombero, pero no realmente aumentando nuestra fe y nuestro conocimiento de Dios.
Es decir viviremos como cualquier incrédulo aunque seamos hijos de Dios.
Desde el viejo pacto podemos ver el propósito de Dios de enseñarnos a vivir gozosos haciendo su voluntad, y por eso vemos que como consecuencia de la obediencia de su pueblo Dios los prosperaba en todo sentido… Pero luego de haberlos prosperado, el pecado en que cayó el pueblo es que continuaron haciendo lo que Dios les pedía hacer, pero no lo estaban haciendo con alegría.
¿Cómo nos sentiríamos nosotros sí aquellos a quien estamos cuidando, nos hacen caso de mala gana, quejándose, con aburrimiento, por qué desearían hacer lo que no deben…?
Pues aunque en el mundo esto a veces tiene poca importancia porque así son muchos, Dios no lo ve de la misma manera y por eso les dijo:
Deuteronomio 28:47–48 Por cuanto no serviste a Jehová tu Dios con alegría y con gozo de corazón, por la abundancia de todas las cosas, 48servirás, por tanto, a tus enemigos que enviare Jehová contra ti, con hambre y con sed y con desnudez, y con falta de todas las cosas; y él pondrá yugo de hierro sobre tu cuello, hasta destruirte.
Notemos que no dice que no estaban sirviendo al Señor, sino que lo estaban haciendo sin alegría, sin gozo en su corazón, algo así como por obligación, pero no disfrutando de hacer la voluntad de Dios.
Y la razón de su menosprecio al hacer la voluntad de Dios, eran todas las cosas que Dios les había dado, toda esa prosperidad, y por eso es que Dios les dice que les quitará todas estas cosas y que los llevará en esclavitud hasta destruirlos.
Ese mismo pecado podemos estarlo cometiendo al no alegrarnos por la salvación, y no estar enfocados en crecer en salvación con temor y temblor, y la razón puede ser la misma, la abundancia de las cosas que tenemos, o aún la abundancia de los sueños que tenemos.
Y cuando menciono la abundancia de los sueños que tenemos, es porque hay muchos que se quejan por los faltantes que tienen, y encuentran en esa situación una justificación para no hacer la voluntad de Dios o para hacerla sin alegría.
En conclusión hay muchos que no aprecian la salvación por lo que tienen, y hay otros muchos que no aprecian la salvación por lo que no tienen… Lo cual quiere decir que el problema no está en lo que tenemos o no tenemos, sino en el corazón.
Los que tienen mucho pueden caer en el pecado de estar ocupados con las muchas cosas que tienen, y los que no tienen están ocupados buscando cómo conseguirlas, y en ambos casos se termina menospreciando la salvación.
Menospreciar la salvación, o no ocuparnos en crecer en salvación es en realidad menospreciar el amor de Dios… Y por eso la advertencia de la escritura respecto de esto fue:
1 Juan 2:15 No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.
Sabemos que muchos sólo conocen a Dios después de que se han enamorado de las cosas del mundo, y este amor los mantiene entretenidos viviendo en función de obtener esas cosas, el problema es que si no renuncian al amor al mundo, ese amor no les dejara entender la importancia de la salvación, y entonces no se gozaran por ella, y no vivirán enfocados en crecer en salvación.
(Y si es que realmente se convierte será un cristianismo muy mediocre, será un cristiano carnal.)
Pero también sabemos que muchos aún conociendo del Señor desde pequeños, al no apreciar lo valioso de la salvación terminan enamorándose de las cosas del mundo, y al igual que los demás se entretendrán, y vivirán en función de las cosas materiales, de suplir los apetitos de la carne…
Perdiendo de vista que la razón de su vida, si ya es cristiano, es ocuparse de crecer en salvación.
Este texto es muy claro y muy fuerte, al enseñar que el amor al mundo es una poderosa barrera que impide la salvación, pues la escritura enseña que recibimos el amor de Dios junto con el Espíritu Santo que nos sella para salvación, por lo tanto, si alguien no tiene el amor del Padre es porque no es un auténtico convertido, no es un hijo de Dios, y por supuesto, no tendrá poder parar vivir haciendo la voluntad de Dios.
Recordemos que una de las grandes barreras para conocer a Dios es la religiosidad qué hay en el mundo, y esta se mete dentro del cristianismo, haciendo que muchos vivan engañados haciendo cosas que creen que es la voluntad de Dios.
El problema es que hay una diferencia muy grande entre hacer cosas que creemos que es la voluntad de Dios, y la voluntad de Dios, y por esto el Señor Jesús afirmó:
Mateo 7:21 No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos
Mirando el contexto, el pasaje nos enseña que hicieron muchas cosas aparentemente muy buenas, pero no hicieron la voluntad de Dios. Lo cual quiere decir: Que quien no vive para hacer la voluntad de Dios, no ha sido salvado.
Y déjeme insistir: ¿Cual es uno de los asuntos más importantes en la voluntad de Dios? Ocuparnos en nuestra salvación con temor y temblor.
III. LA BARRERA DE NO CONFIAR EN LA PROVISION DE DIOS
Por lo tanto si queremos ocuparnos en nuestra salvación, entonces debemos ser conscientes de las barreras que pueden interponerse para que lo hagamos. Y una que ya leímos dice: “La abundancia de todas las cosas.
Por supuesto, como aclaró el Señor Jesús cuando les explicaba a sus discípulos acerca de la incredulidad del joven rico, el problema no es la abundancia de las cosas, sino el amor a esas cosas.
Y si nos preguntamos: ¿Porque amamos cosas que no podrán jamás darnos una felicidad verdadera?
La respuesta es que las amamos por el engaño del mundo, que ha hecho que les demos un valor muy, pero muy por encima del valor real, de tal manera que al creer en esas mentiras, creemos también que nuestra felicidad depende de la abundancia de esas cosas.
Y esa creencia completamente equivocada, es lo que tiene esclavizada a la gente del mundo y todavía a muchos cristianos… Y esa esclavitud no les deja tener tiempo, ni ganas, de ocuparse en crecer en salvación, mucho menos de ocuparse en la salvación de las personas a su alrededor.
Ya mencioné que el Señor Jesús hablando en la parábola de la semilla lo expreso así:
Marcos 4:19 pero los afanes de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias de otras cosas, entran y ahogan la palabra, y se hace infructuosa.
La vida de toda persona que por los afanes o preocupaciones, o que por el engaño de la riqueza viva con codicia, y haga cosas que no son correctas para conseguir lo que desea, le llevará a menospreciar la palabra, a ahogarla, y su cristianismo no será una realidad, y lo peor de todo es que puede terminar perdiéndose eternamente.
Y el que diga ser cristiano y viva de esta misma manera también puede terminar perdido por la eternidad, porque su forma de vida mostrará que es un falso Cristiano.
IV. QUITANDO UNO DE LOS PRIMEROS ESTORBOS
Para librarnos de la esclavitud que produce el apego a los bienes materiales, el verdadero cristiano es una persona que debe por un lado aprender a confiar en la provisión de Dios, y por otro debe aprender lo que es el contentamiento.
Es decir; debe reconocer a Dios como su proveedor, y debe creer que las cosas que Dios le da son suficientes para vivir con gozo su vida cristiana.
Pero si no hay esta confianza y este contentamiento, entonces el asunto económico se volverá un estorbo para el crecimiento de su vida espiritual.
Por lo tanto podemos decir que uno de los primeros pasos para poder dedicarnos a nuestro crecimiento espiritual, tiene que ver con; aprender a confiar en Dios respecto de nuestras necesidades.
Pongan atención a lo que voy a decir. Hay personas que enfrentan necesidades económicas producto de una mala administración, de gastar más de lo que deben, de no trabajar con diligencia, es decir de los muchos pecados que cometen…
Pero también hay personas que enfrentan dificultades económicas a pesar de ser buenos administradores, de medirse en sus gastos, de trabajar con diligencia, y la razón de su escasez es su pecado de incredulidad respecto de la provisión de Dios, o su falta de contentamiento, y por eso Dios los tiene en esa situación para que aprendan a confiar en Dios y a estar contentos con lo que tienen.
El Señor Jesús hablo con claridad acerca de este tema, y al hacerlo puntualizó que es un problema de falta de confianza en El. Por ejemplo, dijo:
Mateo 6:30 Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe?
Al decir estas cosas nos está cuestionando respecto de nuestra confianza en el amor de Dios, y respecto de nuestra confianza en su capacidad para darnos lo que necesitamos.
¿Cree usted que Dios lo ama? ¿Cree usted que Dios tiene el poder para darle lo que necesita?
Como la respuesta tiene que ser un absoluto si, después de cuestionarnos, nos ordena:
Mateo 6:31–32 No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? 32Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas.
Es una orden “No afanarse” Y si le hacemos caso entonces no estaremos preocupados pensando en; Como me voy a sostener” o ”Cómo vamos a pagar esa cuenta” o “De donde vamos a sacar dinero” etc.
Y eso obvio que el problema no es pensar en estas cosas, sino pensar en ellas con afán, con ansiedad, con preocupación…
Y no hay duda que para poder obedecer en esto, para enfrentar esas diferentes circunstancias con tranquilidad, compás y con gozo obviamente tenemos que aprender a confiar en que Dios dará la provisión necesaria.
Porque sí hacemos con preocupación esa clase de preguntas, entonces otra vez estaremos viviendo igual que los incrédulos, esclavos de los asuntos materiales…
Mirando otras traducciones de este mismo versículo podemos resumir que :
Los gentiles, paganos o incrédulos; se preocupan, ponen su corazón, dejan que domine su pensamiento, buscan con afán, se angustian, buscan ansiosamente, andan tras todas esas cosas…
Y la promesa que Dios nos hace para librarnos de esta esclavitud es: Nuestro Padre sabe que es lo que cada uno de nosotros necesitamos.
Y sí Dios sabe que yo tengo necesidad de esas cosas, habiéndome entregado a su hijo Jesús: ¿Acaso me negará algo que en comparación no vale absolutamente nada, y que Dios no tiene ningún problema en suplir?
Pues la escritura dice que no, que no ignorará nuestras necesidades. Dice así:
Romanos 8:32 El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?
Por lo tanto podemos tener la certeza de que Dios nos dará a cada uno lo que necesitemos.
V. DIFERENCIANDO BAJO LA LUZ DE DIOS ENTRE ANTOJOS Y NECESIDADES
Sin embargo debemos tener muy claro que la promesa no dice, que Dios sabe lo que nosotros queremos, (aunque eso también lo sabe) pues lo que dice es que Dios sabe lo que nosotros necesitamos.
Por eso debemos tener muy claro la una enorme diferencia que hay entre lo que nosotros queremos, y lo que nosotros necesitamos.
Yo les puedo asegurar gracias a las promesas de Dios, que todos ustedes están recibiendo lo que necesitan. Y no me refiero sólo al asunto material, sino a todas las circunstancias que Dios a provisto a su alrededor para bendecir sus vidas.
Por esto cuando alguno de nosotros está sufriendo por lo que ha recibido de parte de Dios, es porque para nosotros es más importante lo que deseamos que lo que necesitamos. Y eso no es sabio.
En el salmo 73 podemos ver a un creyente que tenía este mismo problema, y por eso llegó a considerar que su vida y su futuro con Dios no sería bueno y por eso escribió:
Salmo 73:2–7, 17 En cuanto a mí, casi se deslizaron mis pies; Por poco resbalaron mis pasos. 3Porque tuve envidia de los arrogantes, viendo la prosperidad de los impíos. 4Porque no tienen congojas por su muerte, pues su vigor está entero. 5No pasan trabajos como los otros mortales, ni son azotados como los demás hombres. 6Por tanto, la soberbia los corona; Se cubren de vestido de violencia…. 7Los ojos se les saltan de gordura; Logran con creces los antojos del corazón….
Pregúntese: ¿Le gustaría que Dios le complacieran en todos sus antojos y que como consecuencia adoptara el mismo carácter que describe de los impíos?
¿Le gustaría ser millonario y corrompido; tener mucho poder y ser injusto y soberbio; o una gran inteligencia usada para hacer perversidades y para hacer sufrir a la gente; o disfrutar de todos los placeres para terminar en el infierno?
Este hombre estaba mal porque deseaba lo que otros tenían, pero cuando entró en el santuario de Dios entendió y escribió:
Salmo 73:17–20 Hasta que entrando en el santuario de Dios, comprendí el fin de ellos. 18Ciertamente los has puesto en deslizaderos; En asolamientos los harás caer. 19¡Cómo han sido asolados de repente! Perecieron, se consumieron de terrores. 20Como sueño del que despierta, Así, Señor, cuando despertares, menospreciarás su apariencia.
En la presencia de Dios comprendió que no toda la vida del que logra sus antojos será placentera, hay muchísimos que tienen muchísimas cosas y mucha infelicidad… Pero lo peor de todo es que lo que menos le preocupa a esta clase de gente, qué es el infierno, es lo que con toda certeza recibirán.
Pero aquel que recibe de Dios, no sus antojos sino sus necesidades y aprende contentamiento, tendrá otro destino:
Salmo 73:24–25 Me has guiado según tu consejo, y después me recibirás en gloria. 25¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra.
Cuando comenzó a creer que estaba recibiendo de Dios lo que necesitaba, cuando se deshizo de sus antojos… Entonces comenzó a apreciar la salvación.
Y quien aprecia la salvación, entonces podrá ocuparse como es el deseo de Señor en su salvación con temor y temblor, y vivirá con un gozo profundo y continuo hasta que llegue a la presencia de Dios.
Si nos enfocamos en hacer realmente la voluntad de Dios, la provisión que recibamos será suficiente para mantenernos contentos haciendo su voluntad…
Pero si no estamos enfocados en hacer la voluntad de Dios, sino en vivir conforme a nuestros antojos, entonces ni habrá contentamiento, ni la provisión que Dios nos de alcanzará para todo lo que deseamos hacer. (Teniéndolo todo viviremos como pobres)
Eso en otras palabras quiere decir que el problema no está en la provisión que Dios da a los hombres, sino en los objetivos que ellos tienen. Por eso la pregunta importante sigue siendo:
¿REALMENTE DESEAMOS HACER LA VOLUNTAD DE DIOS?
Es decir: ¿Queremos cumplir con nuestros antojos o queremos hacer la voluntad de Dios?
VI. ¿CÓMO HARÁ DIOS PARA SUPLIR NUESTRA NECESIDAD MATERIAL?
El apóstol Pablo entendiendo la realidad de esta promesa, les escribe a aquellos que cuando él estuvo en necesidad económica le ayudaron, y les asegura:
Filipenses 4:19–20 Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús. 20Al Dios y Padre nuestro sea gloria por los siglos de los siglos. Amén.
Si embargo es necesario aclarar que esta promesa de que Dios suplirá nuestras necesidades materiales, no es una promesa incondicional, como lo son otras promesas del Nuevo Pacto que por ser incondicionales se cumplen siempre. Por ejemplo:
Nada nos podrá separar del amor de Cristo es una promesa incondicional; Nuestra fe será probada es una promesa incondicional; No practicaremos el pecado es una promesa incondicional; Dios suplirá todas nuestras necesidades espirituales es una promesa incondicional, pero la promesa de sustento si tiene ciertas condiciones.
Si continuamos leyendo lo que Jesús dijo después de ordenarnos que no debíamos afanarnos, dice:
Mateo 6:33 Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.
¿Cuál es la condición? La condición es que busquemos primeramente el reino de Dios y su justicia, es decir; que vivamos para hacer la voluntad de Dios, y el resultado será que todas nuestras necesidades serán satisfechas.
Notemos que es un estilo de vida completamente opuesto al de la gente del mundo, que por estar trabajando y luchando por obtener las cosas materiales no tienen tiempo para Dios.
Algunos no han entendido nada, y se la pasan luchando de la misma manera pero con la ayuda de Dios, es decir orando a Dios por la prosperidad material, pero sin tiempo para Dios.
Contrario a esto el verdadero cristiano debe aprender a trabajar en primer lugar no solo como el Señor lo haría, sino para el Señor.
Porque no se trata de trabajar como incrédulo y después del trabajo vivir como cristiano, sino que debe trabajar como un auténtico cristiano, y esto incluye la actitud que he mencionado, y por supuesto también con un límite de tiempo, para poder hacer otras cosas, como cumplir con las responsabilidades con su esposa, sus hijos, su familia y la iglesia y sus discípulos.
Por supuesto al buscar cumplir con estas responsabilidades no podemos perder de vista que todo está siendo organizado por Dios para hacernos crecer en salvación.
Si perdemos de vista esto, entonces estaremos cambiando el carácter y sentido de las cosas que hacemos, y nuevamente caeremos esclavos de la preocupación y el afán.
Pero si buscamos el reino de Dios y su justicia, y si buscamos vivir haciendo la voluntad de Dios para crecer en salvación, no debemos dudar de que Dios nos dará las cosas que necesitamos.
VII. Y SI UN CRISTIANO NO BUSCA EL REINO DE DIOS Y SU JUSTICIA: ¿QUE PUEDE PASAR CON LA PROVISIÓN MATERIAL?
La pregunta en sí misma es algo engañosa: ¿Porque si un cristiano no busca hacer la voluntad de Dios, entonces porque se llama cristiano? Ya leímos:
Mateo 7:21 No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.
Pero como por causa de las malas enseñanzas muchos se creen cristianos, de todos modos voy a tratar de responder.
Cuando alguien que se cree Cristiano, no busca crecer en salvación sino solamente obtener más cosas y pasarla bien con la ayuda de Dios, pueden pasar varias cosas según los tiempos de Dios.
La peor de ellas es que sea prosperado a pesar de su maldad, se muera lleno de prosperidad, y se vaya para el infierno. La escritura dice:
Salmo 92:7 Cuando brotan los impíos como la hierba, y florecen todos los que hacen iniquidad, es para ser destruidos eternamente.
Lo segundo que puede pasar, es que Dios trate su vida para que esta persona llegué a entender que necesita de un salvador.
Y entonces según el corazón de la persona y los tiempos de Dios, a unos Dios les permite tener mucho dinero, pero por causa de sus propios pecados… no logran ser felices, y lo que Dios espera es, que esta situación los lleve a ver lo inútil que son las posesiones materiales, y puedan así reconocer su necesidad de Dios para que se salven.
A otros Dios, a pesar de todos los recursos y las habilidades que puedan tener, Dios los arruina, también para ver si en su miseria se acuerdan de Dios.
Sin embargo estas dos clases de trato de parte de Dios, no aseguran que la persona se convierta. Eso sigue siendo una decisión personal.
VIII. PERO: ¿QUÉ PASA CUANDO UN VERDADERO CRISTIANO NO BUSCA CRECER EN SALVACIÓN?
Pues aquí hay una gran diferencia, porque una de las promesas del Nuevo Pacto dice que Dios no nos dejará practicar el pecado, por lo tanto Dios tratará la vida de esta persona para hacerla volver al camino. Y creo que si Dios sabe que no lo va a lograr entonces se lo lleva su presencia.
Ya vimos que la escritura nos muestra que Dios busca enderezar el camino de sus hijos a través de las disciplinas:
Hebreos 12:6 Porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo.
Y un poco más adelante dice bien claro cuál es el propósito:
Hebreos 12:12–14 Por lo cual, levantad las manos caídas y las rodillas paralizadas; 13y haced sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino, sino que sea sanado. 14Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.
Las disciplinas que recibe el auténtico creyente puede ser similares a las del falso creyente. Por ejemplo puede que Dios a pesar de su necedad le prospere económicamente mostrándole su misericordia, a ver si recapacita y endereza su camino.
El Señor dice en su palabra:
Romanos 2:4 O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?
Pero si Dios sabe que teniendo paciencia y benignidad con él no se va a enderezar, entonces usa un método diferente, como por ejemplo lo que hizo con su pueblo, cuando en lugar de dedicar tiempo a la construcción del templo, estaban felices llenando sus casas de bienes…
El paralelo es; que dedicar tiempo al templo es buscar crecer en salvación y dedicar tiempo a las casas es buscar los antojos del corazón. Por esto Dios les dijo:
Hageo 1:9 Buscáis mucho, y halláis poco; y encerráis en casa, y yo lo disiparé en un soplo. ¿Por qué? dice Jehová de los ejércitos. Por cuanto mi casa está desierta, y cada uno de vosotros corre a su propia casa.
El gran error que se puede cometer en estos momentos es insistir en prosperar, en lugar de buscar enderezar el camino.
Y si Dios no afloja en su trato, y ellos no se arrepienten, entonces cada vez tendrán menos tiempo para Dios, para su familia, sus hijos, para la iglesia, porque estarán empeñados en conseguir lo que creen necesitar.
Cuando el derecho del asunto es, buscar a Dios y su justicia y recibir como añadidura las cosas que necesita.
Dos clases de vida completamente diferentes, la vida en la carne sufriendo por los pecados que hay en tu corazón; o la vida del espíritu descansando, creciendo en salvación, y recibiendo la provisión de Dios que necesitas.
¿Cuál queremos vivir?… ¿Somos fieles a Dios con nuestro tiempo? ¿Somos fieles a Dios con nuestros bienes? ¿Somos fieles a Dios con nuestros diezmos y ofrendas?
Si no somos fieles a Dios con estas cosas, no nos engañamos creyendo que podemos crecer en salvación pues el Señor Jesús nos advirtió:
Mateo 6:24 Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.
Cuándo no cumplimos con Dios es porque estamos amando las cosas del mundo y menospreciando a Dios… Y si vivimos de esa manera, ni creceremos en salvación, ni experimentaremos el gozo de la salvación.
