LA IMPORTANCIA DE LA OBEDIENCIA 1
I. INTRODUCCIÓN
La historia de la salvación del hombre, aunque es un evento espectacular que muestra la grandeza del amor de Dios y su misericordia, y aunque para los hombres es también el mayor regalo que jamás pueda hombre alguno recibir, lo cual debería ser causa de una profunda y continua alegría, de todos modos tiene una parte, que aunque es la parte central de la evidencia del amor de Dios, es difícil mirada con buenos ojos por lo injusto de esta circunstancia.
El asunto al que me refiero es que en el proceso de rescatar al hombre, como este no era inocente, había una deuda que ineludiblemente tenía que ser pagada.
La justicia de Dios había sido terriblemente ofendida por el hombre, y Dios, por ser Dios es decir absoluta perfección en todo sentido, no podía por ninguna razón perdonar al hombre y bendecirlo como si no hubiera pasado nada, si primero no se castigaba esa ofensa para que la justicia de Dios quedara satisfecha.
Esta salvación; el pago de esta deuda fue negociada cuando Dios hizo el pacto con Abraham, qué es en realidad el inicio del Nuevo Pacto, pero la escritura nos enseña que ese pacto fue en realidad una negociación entre Dios Padre y Jesucristo. La carta a los Gálatas nos confirma este hecho:
Gálatas 3:17 Esto, pues, digo: El pacto previamente ratificado por Dios para con Cristo, la ley que vino cuatrocientos treinta años después, no lo abroga, para invalidar la promesa.
Aunque el escritor está hablando del pacto de Dios con Abraham, de cómo ese pacto con la promesa que contenía no podía ser abolido ni siquiera por causa de la ley de Moisés, el Espíritu Santo lo lleva a entender que la promesa de la simiente mencionada en ese pacto, era en realidad un convenio entre Dios Padre y Jesucristo, donde seguramente se acordó el precio del rescate por el hombre. Y el precio acordado fue la muerte del salvador.
Podemos decir que había un conflicto entre los perfectos atributos de Dios, porque la justicia de Dios no podía recibir un pago inferior a la deuda causada… Y la misericordia de Dios no podía negarse a hacer este pago para rescatar al hombre. Hay un salmo profético que muestra como eso se resolvió pues dice:
Salmo 85:10–13 La misericordia y la verdad se encontraron; La justicia y la paz se besaron. 11 La verdad brotará de la tierra, y la justicia mirará desde los cielos. 12Jehová dará también el bien, y nuestra tierra dará su fruto. 13La justicia irá delante de él, y sus pasos nos pondrá por camino.
En la cruz del calvario la verdad y la misericordia se encontraron, allí se hizo justicia, allí se abrió la posibilidad de ser bendecidos, pues gracias al sacrificio de Jesus el hombre puede reconciliarse con Dios, y así, esto es muy importante, poder seguir los pasos del Señor que han sido puestos por camino.
II. EL CASTIGO POR LA DESOBEDIENCIA
Habría muchas cosas que decir acerca de esta obra de salvación, de las condiciones y requisitos que debian cumplirse, pero básicamente quiero mencionar que Jesús cumplió a la perfección en todo aquello en que el hombre falló, y a pesar de haber cumplido, es decir a pesar de ser absolutamente justo, recibió el castigo que el hombre por su injusticia merecía recibir.
Pero: ¿A qué me refiero con que Jesús sí cumplió aquello en lo que nombre falló?
Básicamente a que Jesús si obedeció a Dios su Padre, mientras que el hombre lo despreció y le desobedeció.
El asunto por supuesto no fue fácil, pues no sólo Jesús obedeció a la perfección, sino que sin merecerlo aceptó obediente y voluntariamente el castigo que el hombre merecía, castigo que creo que difícilmente, al menos mientras estemos en este cuerpo, seamos capaces de entender en toda su magnitud.
En varios pasajes la escritura nos muestra cómo fue la obediencia de Jesús, pero hay uno en especial que creo que fue el momento más difícil en su vida. Dice así:
Hebreos 5:7 Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente.
El escritor de la carta a los Hebreos nos cuenta cómo Jesús oro a su Padre pidiendo con ruegos, gran clamor y lágrimas… Para ser librado de la muerte, y nos dice la escritura que su petición fue contestada gracias a su temor reverente.
Su temor reverente es un absoluto respeto por la grandeza de Dios su Padre, y su autoridad la cual estaba dispuesto a obedecer hasta las últimas consecuencias… Pero eso no le impide hacer con ese mismo respeto la siguiente petición:
Lucas 22:41–42 Y él se apartó de ellos a distancia como de un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró, 42diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.
En este momento estaba con sus discípulos en el huerto de los olivos, esa noche iba a ser entregado, y Jesús sabía que de acuerdo a lo acordado el debía morir en la Cruz… Sin embargo ante semejante castigo… Pide no tener que beber esa copa, porque no se trataba sólo del sufrimiento físico que de por sí sería espantoso en gran manera, sino de un sufrimiento espiritual mucho mayor que no podemos entender.
Me explico; después de Jesús hubo muchos mártires que murieron llenos del Espíritu Santo, lo cual les permitió soportar el sufrimiento siendo fieles a Dios. Por ejemplo:
Hechos 7:59–60 Y apedreaban a Esteban, mientras él invocaba y decía: Señor Jesús, recibe mi espíritu. 60Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: Señor, no les tomes en cuenta este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió.
Cómo fue de poderosa la asistencia del Espíritu Santo en este momento, que este hombre sabiendo que iba a la presencia de Dios, mientras moría apedreado, su último suspiro lo invierte en orar por aquellos que le estaban asesinando de manera brutal, cruel e injusta.
Pero en el caso de Jesús, por causa de estar cargando con el pecado de los hombres… La profecía dice:
Isaías 53:6–7 Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. 7Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.
Al cargar el pecado de todos nosotros tenía que haber una separación espiritual, y así desamparado debía soportar semejante castigo. Las palabras de Jesús en este momento nos confirman este hecho:
Mateo 27:45–46 Y desde la hora sexta hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena. 46Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?
Es por esto que sabiendo la magnitud de lo que tenía que enfrentar, le ora a su Padre:
Lucas 22:42 diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.
Recordemos que la escritura dice que fue oído a causa de su temor reverente. Es decir que Dios contestó su oración. Pero: ¿Cuál fue realmente la petición?
Pues la petición tenía dos partes. La primera fue no tener que tomar esa copa por causa de lo terriblemente espantoso que iba a ser, pero junto con esta petición había otra petición que era todavía más importante que la primera, y era… Que por encima de cualquier cosa, aún de su deseo de no tomar esa copa, es decir por encima de su voluntad, él deseaba con un temor reverente hacer la voluntad de Dios.
Lo cual quiere decir que por encima de los más grandes deseos que alguien pueda tener, (por supuesto desear no morir de esa manera tan espantosa es un deseo legítimo ) había para Jesús algo muchísimo más importante y era cumplir con los deseos de Dios.
En el salmo que leímos que habla de este evento, una de las frases dice “y sus pasos nos pondrá por camino.” Lo cual quiere decir que esa tiene que ser la misma actitud que debe haber en nosotros, ante cualquier deseo, sueño o proyecto.
Es decir por más que deseemos algo y por más que clamemos a Dios para que lo haga una realidad, por encima de eso tenemos que estar dispuestos a cumplir con el deseo de Dios.
Y así sucedió en Jesús, Dios le escuchó y le permitió cumplir con el deseo supremo de hacer la voluntad de Dios. Y el resultado de su obediencia, el pasaje de Hebreos nos lo explica:
Hebreos 5:7–8 fue oído a causa de su temor reverente. 8Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia;
Y lo que nos cuenta la escritura es que Jesús a través de ese enorme sacrificio aprendió la obediencia, qué es lo mismo que todos y cada uno de nosotros debemos aprender, a obedecer por encima de lo que sea, porque no hay nada tan importante, no hay nada tan valioso que podamos ofrecer a Dios como nuestra obediencia.
Pero: ¿Qué significa que Jesús aprendió a través del padecimiento la obediencia?
Primero creó importante mencionar que obedecer a algo cuando nosotros deseamos hacer ese algo, pues no es que tenga mucho valor. Romper una dieta, dejar de hacer ejercicio, separarse de su cónyuge, dejar de trabajar etc. son cosas que si no son ordenadas en ciertas circustancias sería muy fácil hacerlas.
El verdadero valor de la obediencia o la prueba real de la obediencia es cuando hacemos algo que no deseamos hacer, pero que entendemos que es la perfecta voluntad de Dios, y esto normalmente implica sufrimiento, porque debemos dejar de hacer lo que queremos hacer para poder así agradar a Dios.
III. LA OBEDIENCIA DE JESÚS
Entender esto nos debe dar claridad acerca de la suprema importancia de la obediencia. Sabemos que el hombre fue colocado en el paraíso, un lugar de ensueño para que aprendiera a obedecer a Dios, y para hacerlo el hombre estaba en una situación enormemente favorable en todo sentido.
Es decir; no había razones para desobedecer. Creo que ni siquiera existía el deseo de desobedecer, ya que no había nada que llamara la atención que se pudiera conseguir a través de la desobediencia.
De hecho cuando el hombre desobedece lo que en realidad sucede es que trae una pérdida enorme en todo sentido para la humanidad, pues es imposible a través de la desobediencia a Dios, ganar algo que sea realmente bueno.
Insisto; nunca lo que se gana a través de la desobediencia es bueno, y aunque pueda parecer bueno, o ser deleitoso o sabroso, eso nunca va ser bueno para nuestra vida espiritual, qué es lo que define toda nuestra vida y nuestra existencia, por qué pensar que la desobediencia trae cosas buenas, es como pensar que Dios está equivocado.
Pero a pesar de lo absurdo y contradictorio el hombre desobedece motivado por Satanás, que le cuenta una historia fantástica que lleva al hombre a desconfiar de Dios, y eso, más la confianza en Satanás le lleva a desobedecer.
Esa desobediencia producto de la incredulidad hacia Dios ha traído todos los males habidos y por haber en la humanidad, además a colocado como destino para el hombre la condenación eterna en el infierno.
Contrario a esto, la obediencia de Jesús se mantiene aún frente a las circunstancias más espantosas, razón por la cual se entiende que aprendió a obedecer.
Y al decir esto no quiere decir que Jesús era rebelde y aprendió a obedecer, qué es lo qué si pasa con nosotros, sino lo que debemos entender es que Dios no tiene a quien obedecer, él manda. Pero cuando se despoja y se hace hombre, entonces como hombre confiando en su Padre debe aprender a obedecer, que es lo mismo que Dios nos ha pedido que hagamos.
Opuesto a la desobediencia de los hombres, Jesus obedece en contra de todo, aun a costa de su propia vida. El apóstol Pablo en su carta a los filipenses nos dice que debemos hacer lo mismo, mostrándonos en detalle cómo fue la obediencia de Jesús. Dice así:
Filipenses 2:5–9 Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, 6el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, 7sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; 8y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.
La obediencia de Jesús, éste obedecer en contra de todo, no echando mano de los privilegios que tenía para dejar de obedecer, es tan, pero tan importante que es lo que lo habilita para ser nuestro salvador. El pasaje de Hebreos continúa diciendo:
Hebreos 5:9 y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen;
El Señor Jesús por su amor, su misericordia, y por la confianza en lo que había pactado con Dios, obedece hasta la muerte, convirtiéndose en el autor de una salvación eterna, para todos aquellos que creyéndole le obedecen.
IV. EL ORDEN CORRECTO
Y por la importancia de la obediencia es que cuando se nos habla de aceptar al Señor Jesús, lo primero que nombra es que debemos aceptarlo como nuestro Señor, como el que manda, como el que tiene la autoridad, como aquel al que debemos obedecer, porque eso es lo que hace posible que disfrutemos de él como salvador.
Y cuando esto ocurre, cuando hay verdadera confianza en Dios, la evidencia inevitable será la obediencia.
Es por eso que la escritura no tiene problema en decir, que el es autor de eterna salvación para los que le obedecen, pero no debe entenderse como que a través de la obediencia obtenemos la salvación, porque la salvación, la edificación, la santificación y la transformación de nuestra vida son cosas que Dios hace en el hombre, pero sólo cuando tiene una fe auténtica que se evidencia en la obediencia.
Por eso si nos preguntamos: ¿Cómo evaluamos si una persona ha nacido de nuevo y se a convertido en un hijo de Dios?
Pues no lo hacemos a través de la fe que la persona dice tener, sino a través de su obediencia.
Si no le estamos haciendo caso a Dios, si todavía practicamos el pecado, entonces nos somos hijos de Dios aunque creamos serlo porque decimos que tenemos mucha fe en él.
En esto no hay duda, porque como estamos viendo, el ejemplo que Jesús nos da es que cuando hay confianza en Dios, hay también obediencia a Dios, aun en contra de toda circunstancia o adversidad.
Y en el salmo leímos; ”y sus pasos nos pondrá por camino” Y en la carta a los Filipenses leímos; “haya pues en vosotros el mismo sentir que hubo en Cristo Jesús”
Hay muchos pasajes de la escritura que tratan este asunto, el de aquellos que dicen tener fe y no son obedientes a la voluntad de Dios, como por ejemplo:
Santiago 2:14–17 Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? 15Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, 16y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha? 17Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma.
Por todo esto creo que la actitud que debe haber en nuestro corazón es: Señor porque te creo, porque creo en tu amor, te voy a obedecer siempre.
Que es en realidad la actitud del que es un verdadero hijo de Dios, que entiende que tiene que vivir un proceso de santificación.
V. ¿CUÁL ES LA VOLUNTAD DE DIOS?
Después de tener esto claro la suprema importancia de nuestra obediencia a Dios, lo siguiente es: ¿Cómo saber cuál es la voluntad de Dios?
Pues bien, ese es uno de los estudios básicos para todo creyente en esta Iglesia, y el material dice porque así lo dice la escritura, que lo más importante es que haya un verdadero deseo de hacer la voluntad de Dios, pues cuando no hay ese deseo genuino, es imposible conocerla.
Teniendo ese deseo en nuestro corazón, debemos con sabiduría echar mano de las herramientas que Dios nos ha dado para saber cuál es su voluntad. La primera de ellas es:
A. LA CONCIENCIA
Tan importante es seguir nuestra conciencia que la escritura dice:
Romanos 2:14–16 Porque cuando los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, éstos, aunque no tengan ley, son ley para sí mismos, 15mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos, 16en el día en que Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres, conforme a mi evangelio.
Si hacer caso o no a nuestra conciencia es lo que nos acusa o nos defiende, no hay duda que es importantísimo ser fieles a ella, es decir no actuar en contra de ella. Cuando esto hacemos, cuando hacemos caso a nuestra conciencia estamos haciendo caso a Dios, que nos pide hacer caso de nuestra conciencia.
Y como el juicio será conforme al evangelio, tal vez la primera pregunta que Dios le haga a todo ser humano incrédulo sea: ¿Por qué no creíste en mi hijo Jesucristo? ¿Por qué si otros millones creyeron porque tú no?
Y si el hombre no es capaz de dar una respuesta que lo justifique entonces terminará el infierno.
No olvidemos que Dios mismo se revela a todo hombre mostrándole la verdad acerca de Jesucristo, y la condenación es rechazar esa revelación. El segundo elemento que tenemos es:
B. LA PALABRA DE DIOS
Pero nuevamente para poder tener una correcta interpretación de la palabra es necesario un deseo genuino de hacer la voluntad de Dios.
Cuando no hay ese deseo genuino, especialmente cuando buscamos agradar a los hombres es cuando la escritura se malinterpreta, malinterpretando la voluntad de Dios, y llevándonos a obedecer esas malas interpretaciones que hemos sacado de la escritura. Esto por supuesto ha pasado muchas veces por eso leemos que Jesús dijo a los religiosos de su época:
Mateo 15:8–9 Este pueblo de labios me honra; Mas su corazón está lejos de mí. 9Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres.
Pero cuando tenemos buena actitud, esa palabra bien interpretada y creída va a modificar nuestra conciencia… Tanto que Pablo decía:
Romanos 9:1 Verdad digo en Cristo, no miento, y mi conciencia me da testimonio en el Espíritu Santo…
Lo cual quiere decir que seguimos haciendo caso a nuestra conciencia, pero a una conciencia que día a día se va renovando, ojalá hasta el pleno conocimiento de Jesucristo.
El otro elemento a nuestra disposición para conocer la voluntad de Dios, es Dios mismo a través del Espíritu Santo.
C. ESPÍRITU SANTO
Precisamente el apóstol Pablo está diciendo eso. El Espíritu Santo me ha revelado su palabra que ha transformado mi conciencia, y en este caso en particular, le llevó comprender que los israelitas que estaban pegados al viejo pacto se iban a condenar.
Pero también hay una íntima relación entre el Espíritu Santo y la palabra, tanto Jesús dice:
Juan 6:63 El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida.
La escritura en el evangelio de San Juan dice que en el principio era el verbo… El verbo es la palabra, y ese verbo se hizo carne en la persona de Jesús… Y luego Jesús dice que sus palabras son Espíritu y son vida, y eso es como decir que sus palabras son el mismo…
De tal manera que desobedecer a la palabra es indiscutiblemente desobedecer a Dios.
Igualmente si desobedecemos lo que el Espíritu Santo nos dice, que nunca va a estar en contra de la palabra, entonces también estamos desobedeciendo a Dios.
Eso quiere decir que a veces el Espíritu Santo nos manda a hacer cosas, o nos detiene de hacer cosas de las cuales su palabra no dice nada, pero que son la voluntad de Dios.
Por ejemplo: ¿Qué tanto disciplinar aun hi jo o que tanto pasar por alto sus pecados, o qué tanta paciencia debemos tener con alguien para no caer en alcahuetear su mal comportamiento, o que tanto debemos creer en las palabras de alguien para no ser engañados por ellos, etc. Es decir hay situaciones donde necesitamos que el Espíritu Santo nos dé claridad acerca de qué es lo que debemos hacer, y por supuesto debemos hacerle caso o si no estaríamos desobedeciendo a Dios.
Sin embargo hay que tener mucho cuidado en no confundir la voz del Espíritu Santo con la voz de nuestros deseos,.
Hay un cuarto elemento indispensable para poder conocer la voluntad de Dios, que es algo que Dios usa para comunicar su voluntad, y por supuesto cuando no hacemos caso a este conducto que Dios usa estamos desobedeciendo a Dios. Ese cuarto elemento es:
D. LAS AUTORIDADES
En cierta ocasión Dios a través del profeta desecho a un rey por su rebeldía, pues había desobedecido lo que su autoridad colocada por Dios le había ordenado. Y cuando es desechado el profeta le dice:
1 Samuel 15:22–23 Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros. 23Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación. Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey.
Dios lo mando a la guerra para acabar con un pueblo, y le dijo que debía matar a todos los animales, pero a la hora de obedecer cuenta el que el pueblo no estuvo de acuerdo, entonces se le ocurrió oír la voz del pueblo, y guardar los animales para llevarlos y ofrecérselos al Señor.
Muchos se engañan pensando que como lo que hacen es para el Señor entonces vale desobedecer.
Pero nunca hay buenas razones para desobedecer a Dios, por eso, por este pecado fue desechado como rey, y eso en esa época quería decir que debía ser muerto.
Insisto: Muchos pueden pensar que por estar haciendo cosas que consideran buenas, que además piensan que están haciendo para Dios, eso justifica su desobediencia a Dios, pero el profeta le dice que la obediencia es lo máximo que le podemos ofrecer a Dios…
Y como para poder obedecer hay que primero prestar atención, el prestar atención se convierte en el segundo elemento más importante, después de estar realmente dispuestos a hacer la voluntad de Dios.
Porque: ¿Cómo vamos a poder obedecer si no ponemos atención? Por lo tanto la pregunta es:
¿Estamos prestando atención a nuestra conciencia para no ir en contra de ella?
¿Estamos prestando atención a la palabra para no ir en contra de ella?
¿Estamos prestando atención a lo que el Espíritu Santo nos dice que debemos hacer?
¿Estamos prestando atención a las autoridades para no ir en contra de ellas?
Dicho de otra forma: ¿Somos conscientes que cuando le estamos haciendo caso a nuestra conciencia, a la palabra, al Espíritu Santo, y a las autoridades que están sobre nosotros, le estamos haciendo caso a Dios… Y que cuando las ignoramos y vamos en contra de ellas estamos desobedeciendo a Dios. Porque esa es la absoluta verdad.
VI. LA IMPORTANCIA DE LAS AUTORIDADES
Quiero que veamos con más detenimiento el asunto de las autoridades, pues pienso que es uno de los elementos que muchas veces pasando por alto, o no estámos viendo con la debida importancia.
Para comenzar quiero que veamos algo que ya mencioné acerca de la importancia de las autoridades, que la escritura dice con mucha claridad:
Romanos 13:1–2 Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. 2De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos.
Al leer esto lo primero que debemos hacer mirando el contexto, es entender que no está hablando solo de las autoridades religiosas, sino de todo tipo de autoridad, que tenga autoridad sobre nosotros.
Creo que es obvio pero déjeme mencionar las diferentes autoridades que Dios ha colocado sobre nosotros: el padre, la madre, las autoridades religiosas, los apóstoles, pastores, profetas, maestros, etc. Pero también las autoridades civiles; es decir los gobernantes.
Todas esas autoridades han sido colocadas por Dios, e ir en contra de ellas es ir en contra de Dios. (Esto suena muy difícil de aceptar cuando vemos que las autoridades son corruptas, pero en un momento explico la excepción)
Lo segundo es que; hay que someterse, lo cual tiene relación directa con Dios, pues la sujeción comienza cuando reconocemos que esa autoridad ha sido colocada por Dios.
Si no reconocemos que la autoridad ha sido colocada por Dios será imposible que haya sujeción.
Lo tercero que hay que entender, que no lo dice en este pasaje pero otros pasajes de la escritura si, es que cuando estamos sujetos, vamos a obedecer a estas autoridades siempre y cuando ellas estén ordenando lo que Dios les ha dicho que deben ordenar.
Pero si estas autoridades están mandando a hacer algo que Dios no ha mandado, o que va en contra de la voluntad de Dios, debemos mantener la sujeción que es una actitud de respeto reverente, pero no podemos obedecer aquella orden equivocada, pues al hacerlo nos estaríamos yendo en contra de Dios.
Eso quiere decir que si no me sujeto a la autoridad y no obedezco lo que ella me está diciendo que es correcto, entonces estaría en contra de Dios.
Pero si obedezco a esa autoridad en algo que no es correcto, también estaría en contra de Dios.
(Algunos son tan necios y tan rebeldes que no hacen caso a su autoridad cuando pide lo correcto, pero si cuando está equivocada.)
Esto por lógica o sentido común, quiere decir que si no hay un conocimiento de la palabra de Dios y una buena relación con el Espíritu Santo, nos será imposible definir si la autoridad está haciendo o no lo correcto, y entonces cometeremos el gravísimo error de no obedecer a Dios.
VII. LA AUTORIDAD DE LAS AUTORIDADES
Esto es tan importante que Dios mismo se ha encargado de mostrar la autoridad de las autoridades, para que el hombre teniendo un respeto reverente hacia ellas, pueda vivir haciendo la voluntad de Dios.
Más aún, este respeto a las autoridades era muy importante porque ellas aparecieron antes que la palabra de Dios escrita. Es decir, no como ahora que podemos evaluar a las autoridades según el conocimiento que tenemos de la palabra, pero en la antigüedad no existiendo la escritura se hacía necesario que Dios le diera autoridad a esa autoridad para que los hombres la reconocieron y pudieran obedecer a Dios.
En la historia de la humanidad y la relación con Dios, vemos en la escritura que al principio era Dios mismo quien se presentaba y hablaba con los hombres dándole sus instrucciones.
Génesis 6:12–13 Y miró Dios la tierra, y he aquí que estaba corrompida; porque toda carne había corrompido su camino sobre la tierra. 13Dijo, pues, Dios a Noé: He decidido….
Es Dios mismo quién habla con Noé el cual le obedece contra toda lógica humana, y a todos aquellos que no creyeron fueron destruidos. También podemos leer:
Génesis 12:1 Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré.
También fue Dios quien habló con Abraham, y con quien hace el pacto que a nosotros nos ha salvado.
Pero pasa el tiempo y Dios comienza a escoger hombres que sean sus representantes sobre la tierra, uno de ellos con una gran autoridad fue Moisés.
Por supuesto, como ocurre con los que terminan siendo buenos representantes de Dios, Moisés no quería el puesto, razón por la cual Dios tuvo que reprenderlo, y además darle como compañero a su hermano Aarón. Y a estos dos hombres el Señor les dice:
Éxodo 4:15–16 Tú hablarás a él, y pondrás en su boca las palabras, y yo estaré con tu boca y con la suya, y os enseñaré lo que hayáis de hacer. 16Y él hablará por ti al pueblo; él te será a ti en lugar de boca, y tú serás para él en lugar de Dios.
Y lo que dice aquí es que Aarón seria la boca de Moisés, pero Moisés sería Dios para Aarón.
Trate de imaginarse lo que significaría para usted que Dios le dijera que su padre es Dios para usted, o que su esposo es Dios para usted, o que su pastor es Dios para usted!!!
Si Dios le dice eso: ¿Será que usted debe prestar atención a las palabras que le comunica esa autoridad que ha sido dada por Dios?
Ciertamente el pueblo no aceptaba la autoridad de Dios que había en Moisés… Pero no hacerlo en realidad no perjudicaba a Moisés, sino al pueblo que no escuchaba…
Noe escuchó e hizo la voluntad de Dios, la humanidad no escuchó y pereció….
¿Estamos escuchando lo que Dios nos dice a través de nuestras autoridad? ¿Estamos sujetos a las autoridades que Dios nos ha colocado? O no estamos escuchando y estamos perdiendo enormes bendiciones!!!
Más aún: ¿Cuántos problemas serios tiene usted en su vida que están robándole felicidad, que usted trata de arreglar, pero que por no escuchar a la autoridad sigue sin poder solucionar.
Más adelante, producto de la necedad del pueblo, Moisés duda de la autoridad que Dios le había dado… Entonces Dios le dice, o más bien le repite:
Éxodo 7:1–2 Jehová dijo a Moisés: Mira, yo te he constituido dios para Faraón, y tu hermano Aarón será tu profeta. 2Tú dirás todas las cosas que yo te mande, y Aarón tu hermano hablará a Faraón, para que deje ir de su tierra a los hijos de Israel.
Nuevamente: ¿Qué significaba para para faraón que Dios hubiera constituido a Moises como dios para el?
No es acaso que faraón debía poner mucha atención a las palabras de Moisés para obedecerlas.
No es acaso que si no escuchaba lo que Dios decía a través de Moisés sería perjudicado grandemente, tal como pasó.
Dios a través de Moisés le advirtió de cada plaga a faraón si no dejaba salir al pueblo, y así como Moisés se lo comunicó, así sucedió.
¿Por qué? Por la autoridad que Dios había dado a Moisés para que realizara su voluntad.
Y Moisés estaba tan afinado, tan prestando atención a las palabra de Dios, que luego leemos que la escritura dice en dos ocasiones:
Éxodo 8:13 E hizo Jehová conforme a la palabra de Moisés, y murieron las ranas de las casas, de los cortijos y de los campos.
Dios hizo tal como Moisés había dicho… Y luego:
Éxodo 8:31 Y Jehová hizo conforme a la palabra de Moisés, y quitó todas aquellas moscas de Faraón, de sus siervos y de su pueblo, sin que quedara una.
Nuevamente Dios hizo conforme Moisés había dicho.
Pero ojo, no quiere decir que Moisés mandaba a Dios. Quiere decir que Moisés en sintonía con Dios ordenaba lo que Dios le había dirigido a ordenar, y por eso Dios lo respaldaba.
Pero por la dureza de corazón de faraón, él y su pueblo fueron destruidos… El pueblo de Israel tampoco creyó en la autoridad de Moisés… Pero Dios respaldo a Moises de tal manera que el pueblo salió libre gracias a la fe de Moisés.
La escritura lo confirma pero también nos muestra:
1 Corintios 10:1–4 Porque no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el mar; 2y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar,3y todos comieron el mismo alimento espiritual, 4y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo.
Cuando dice en Moisés fueron bautizados quiere decir que gracias a la fe de Moises salieron de la esclavitud, y fueron sostenidos en el desierto de forma milagrosa por Dios…
Pero también dice:
1 Corintios 10:5 Pero de los más de ellos no se agradó Dios; por lo cual quedaron postrados en el desierto.
Esto quiere decir porque la escritura nos muestra que fue así, que aunque salieron gracias a las fe de Moises al igual que nosotros hemos sido salvos gracias a la fe de Cristo en el pacto que tenía con su Padre, luego en el desierto insistieron en no creer a la autoridad que Dios les había colocado… Y la gran mayoría murieron en el desierto y no entraron a la tierra prometida. Sólo dos personas entraron.
Eso fue bajo la ley, hoy bajo el Nuevo Pacto aunque hayamos sido salvados por Cristo, debemos prestar mucha atención a las autoridades que Dios ha colocado sobre nosotros… O sino tendremos verdaderos problemas y disciplinas para nuestra vida en este tiempo, y en el siglo venidero una pérdida enorme de la herencia que Dios tiene para nosotros.
Teniendo en cuenta todo esto podemos decir que un hombre, cabeza de hogar, un padre que no obedece a Dios, terminará incumpliendo con sus responsabilidades especialmente a las espirituales y puede terminar siendo una desgracia para su familia si ella no se apega al Señor.
En ese orden podemos decir que una mujer que no hace caso, que no quiere complacer los deseos de su marido, que desobedece, que insiste con hacer su voluntad por encima de su esposo, es la que se convierte en la mujer más amarga que la muerte, de la cual sólo el que agrada a Dios puede librarse de ella.
Pero no sólo afecta al esposo afecta también a los hijos, a la familia general.
Siguen los hijos, no hay nada peor que un hijo que no haga caso…
Y todo lo contrario es cierto. Un hombre que haga caso al Señor es una tremenda bendición para su familia, una mujer que haga caso a su esposo es una tremenda bendición, y unos hijos que hagan caso a sus padres son también una enorme bendición…
